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Shibuya, Tokyo

Querido Japón: Sho Wa Kokoro Wo Kaku Nari

Hace ya una semana que regresé de Japón. Aún estoy aterrizando y saboreando todo lo que este país me ha dado en ocho días. Y aunque en las próximas semanas compartiré tips, curiosidades, consejos fotográficos y demás, hoy quiero compartirte un relato. ¿Me dejas?

Aunque en mi mapa mundi tenía a Japón situado como país que debía visitar, éste no se encontraba en la sección de «destinos top». Lo tenía ahí, en mente, pensando que algún día iría, cuando las cosas cuadrasen. Tenía más interés por ir a la India, Egipto, Jordania, Tailandia, Australia y Nueva Zelanda, Chile, Argentina, Perú, Noruega e Islandia antes de ir a Japón.

Sin embargo, una mañana de septiembre, mientras me encontraba en un seminario de trabajo, mi amiga Laura me escribió para decirme que había encontrado billetes asequibles para ir a Japón. En nuestro viaje a Guanajuato mencionó varias veces que quería ir a Japón en Navidades. Y llegó una oferta especial que no se podía pasar por alto.

Quería ir, en parte para salir de Los Ángeles. Las cosas estaban a mi favor porque este año Nochebuena y Nochevieja caían en jueves, lo que significaba que sólo tendría que coger 4 días de vacaciones. Este viaje podría ser un buen regalo de Navidad, de cumpleaños y una celebración a los 6 años de trabas que he tenido para viajar fuera de los EEUU por cuestiones migratorias en las que no merece la pena entrar.

Y así, en cuestión de minutos, adquirimos los billetes. ¿De verdad iba a ir a Japón en diciembre?

templo senso-ji tokyo
El día de Nochevieja, en el templo Senso-ji de Tokyo

Adolescencia karateka

Y entonces me empezaron a venir recuerdos de mi adolescencia, cuando con 15 años mi padre me apuntó a clases de Karate para dejar de estar toda la tarde tumbada en la sala, comiendo tabletas enteras de chocolate. (De verdad me comía una tableta entera en una hora).

Dediqué cinco años de mi vida al Karate. De hecho, aprobé el examen de cinturón marrón y lo tengo en casa de mis padres, aunque nunca llegué a ponérmelo. Me gustaba ir a Karate, gané en flexibilidad y creo que mis reflejos mejoraron, cosa que me viene bien para contrarrestar mi terrible torpeza. En la clase de Karate vi las primeras fotos de Japón y me pareció un país muy bonito, parecía tan diferente.

En clase de Karate hice varias amistades. Pero cuando dejé de practicar este arte marcial, perdí el contacto con estas personas.

Pasión por la fotografía

Avanzamos hasta finales de 2007, cuando me uní a una asociación fotográfica y me reencontré con un amigo de Karate. Era cinturón negro en varias disciplinas y acostumbraba a viajar a Japón todos los años para visitar a su maestro y mejorar su técnica. Como fotógrafo, aprovechaba cada viaje para escaparse por distintos lugares y sacar unas fotos únicas de este país y fue entonces cuando vi las primeras fotos de los torii de Fushimi-Inari, los rostros pálidos de las geishas, los increíbles parques con sus cerezos en flor y mucho más. Me pareció impresionante.

Fue en esta época también cuando leí y vi la película de Memorias de una Geisha, una historia en la que Kyoto cobra un protagonismo especial.

Fushimi-Inari Kyoto
Los torii en el templo de Fushimi-Inari, Kyoto

Por aquel entonces, mi amigo estaba estudiando Shodo (vía de la escritura en japonés) y le dije que cuando volviera de Japón con su título oficial, me regalase un kanji.

Un kanji especial

Pasaron los meses y llegó el momento de mudarme a los Estados Unidos. La asociación fotográfica organizó una cena de despedida y ahí, mi amigo me regalo el kanji. ¡Me había olvidado completamente de ello! Pero él no, y me sorprendió con una cita que, según me explicó, definía mi persona y personalidad.

La cita es la siguiente:

[piopialo vcboxed=»1″]»Sho Wa Kokoro Wo Kaku Nari (Escribir es describir su propio corazón) – Ichitaro Kuroda[/piopialo]

Y el kanji es éste:

Sho Wa Kokoro Wo Kaku Nari
Kanji que lee «Sho Wa Kokoro Kaku Nari (Escribir es describir su propio corazón)» – de Ichitaro Kuroda

Esta frase está ahora incrustada con tinta en mi cuerpo en forma de tatuaje. Siempre me dije que si algún día me hacía un tatuaje, éste sería de la frase de Kuroda.

Japón en el olvido

Lo cierto es que después de mudarme a los Estados Unidos, Japón se quedó en el olvido. Mis viajes se resumieron a visitas de médico a casa y algún viajecito rápido de 4 días por América Latina, o países cercanos en Europa. Entre el sistema migratorio de este país, que en ocasiones no me permitía salir de él, y las pocas vacaciones que te dan aquí, no me daba para más.

Quería visitar Asia, por supuesto, pero para poder hacer un viaje tan largo hace falta tiempo y yo carecía de él. Y así, me olvidé de Japón.

Visité ciudades estadounidenses, parques naturales, El Salvador, México, Austria, Canadá y poco más.

Y en septiembre fuimos a Guanajuato. Fue entonces cuando Laura mencionó Japón y volví a acordarme de los torii de Fushimi-Inari, de las geishas, y del kanji.

Japón, ¿por qué no?

Kiyomizu-dera Kyoto
El templo Kiyomizu-dera, en Kyoto

Afortunadamente, las cosas cuadraron por fin. El 1 de diciembre me convertí en residente de los Estados Unidos, y aún me quedaban días de vacaciones para poder aprovecharlos viajando. El país del sol naciente nos esperaba.

Kokoro

Kokoro significa corazón en japonés. En el kanji de arriba, kokoro es el tercer símbolo de la frase.

Y sólo puedo escribir este post desde el corazón. No puede ser de otra forma.

No tenía expectativas sobre Japón. Imaginaba que me iba a gustar, pero no esperaba que tanto.

Japón es un país innovador y, sin embargo, muy tradicional en muchos aspectos. Sin embargo, tradición e innovación caminan en armonía en este país. Como todo los demás.

Está tan avanzado tecnológicamente, que durante uno de nuestros paseos por Tokyo, vimos a un robot en la entrada de un establecimiento diciendo varias frases a los transeúntes. Imagino que los estaba saludando. ¿Dónde se ve eso? En Japón.

Shibuya, Tokyo
Señales, letreros y mucho color en Shibuya, Tokyo

Y, sin embargo, es habitual seguir viendo a los japoneses vestidos con sus preciosos kimonos tradicionales cuando van camino al templo a rezar. Es tradicional también en la forma que muestran respeto por el mayor y en mantener costumbres ancestrales.

Pero, si tuviera que resumir Japón en tres adjetivos diría que el país del sol naciente es: Limpio, Organizado y Amable.

Nada que no hubieras escuchado antes, ¿verdad?

Es que hasta que te encuentras ahí, no eres consciente de la fuerza que adquieren estos adjetivos.

A pesar de no hablar el idioma, más allá de las cuatro frases típicas, siempre conseguimos comunicarnos con una sonrisa, gestos, el Japanglish que nos inventamos y las constantes inclinaciones respetuosas. Y así descubrí la amabilidad y hospitalidad japonesa. No me entendían, no les entendía, pero con una simple sonrisa conseguíamos comunicarnos. Igual tardaba varios minutos en darle las monedas, pero la barista seguía esperando con amabilidad y una sonrisa en la cara. Yo pensaba para mí, «Dios mío qué paciencia tiene esta mujer que sigo dando vueltas p’arriba y p’abajo con los yenes que no me aclaro.»

Por otro lado, es tan limpio el país, que hasta te daba miedo dejar caer un papel por accidente. Creo que en mi vida he sido tan consciente de los papelitos y vasos de Starbucks que llevo encima hasta visitar Japón. Los guardaba en los bolsillos o en la mano hasta encontrar una papelera.

Y el tercer adjetivo que va a unido con el segundo, es tan organizado, que hasta los contenedores de basura tienen distintas categorías: para plástico, para desechos alimenticios, para papel y para otros… Y si estás en Starbucks, tienen hasta un agujero para echar el líquido que está de sobra en tu vaso. En total, 5 agujeritos. Aquí, en los Estados Unidos, todo va por el mismo orificio. No se recicla nada.

Me gusta que sean tan activos en el cuidado del medio ambiente. Ya podríamos ser todos así.

Hama Rikyu Tokyo
El parque de Hama Rikyu, en Tokyo

El viaje fue sencillamente espectacular. Intenso y maratoniano en las primeras 48 horas, ya que vimos Kyoto en tiempo récord. Pero más tranquilo cuando llegamos a la capital, Tokyo.

Los paseos por los parques de la ciudad, que de alguna forma se compenetraban a la perfección con los modernos edificios, fue una de mis partes favoritas del viaje.

Pero si tengo que quedarme con uno, un solo momento, ése debe ser el momento en que por fin pude ver y caminar por los torii de Fusimi-Inari. Fue más especial porque lo hice en mi cumpleaños, al atardecer, cuando se ponía el sol.

Torii Fushimi Inari
Más feliz que una perdiz… se nota en la cara, ¿no?

De hecho, no sabíamos si íbamos a llegar a tiempo para poder ver los torii antes de ponerse el sol. Pero lo hicimos, después de coger el tren equivocado, andar corriendo por Arashiyama para poder llegar a tiempo y dar mil vueltas previamente por Kyoto. Lo conseguimos. Y sin quererlo,  creo que vimos este lugar en el mejor momento del día, ya que el cielo estaba precioso mientras se tornaba de un color rosa (pronto compartiré fotos).

Creo que la frase que me regaló mi amigo describe a la perfección cómo he escrito estos párrafos acerca de Japón.

Antes de cerrar este capítulo, quisiera dar las gracias a Laura, Mike, Flavia y Carlos por haber compartido este viaje único. Sin ellos, este experiencia no hubiese sido igual.

Seguiremos hablando de Japón en las próximas semanas. Tengo muchas cosas que compartir contigo, pero antes, quería contarte mis primeras sensaciones sobre este país.

¡Un abrazo y Feliz Año Nuevo!

6 comentarios en “Querido Japón: Sho Wa Kokoro Wo Kaku Nari”

  1. Mai

    ¡Qué bonita historia! Parte de ella sabía de lo que me habías comentado, estaré a la espera de todo lo relacionado a Japón, que espero en cuanto pueda, visitaré.

    Te he visto el alma en este post 🙂

    Un beso

    Bo

    • Gracias, Bo! Me alegro de que te haya gustado la historia.
      Japón es un país que no te decepcionará, créeme.
      Tiene mucho que ofrecer al viajero 🙂

  2. Por mas viajes juntas!! Me alegro que cumplieras un sueño el dia de tu cumpleaños y haberlo compartido juntas.

    Un besote grande

    • Sí! Gracias por ello y por aguantarme me neura ese día con lo de… tenemos que llegar a los palitos a tiempo, lol.

Los comentarios están cerrados.

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