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Cartagena de Indias: Diario de un viaje poco planificado

Cartagena de Indias: Diario de un viaje poco planificado

Comparto la bitácora viajera donde resumo los días que pasé en Cartagena de Indias y sus alrededores

Fue un viaje con poca, casi nula, planificación. Y aunque es cierto que pasé una tarde preguntándome qué más podía hacer en Cartagena de Indias, lo cierto es que cada día disfruto más de estas aventuras sin planes concretos. Acostumbrada a tener siempre tablas de excel con un itinerario establecido, no puedo describir la sensación de libertad que recorre mi cuerpo cuando no sé qué va a pasar después.

¿Por qué te cuento esto? Porque poco a poco estoy aprendiendo, al menos en lo que respecta a los viajes, a disfrutar del tiempo presente.

Y eso fue lo que me pasó durante los días que pasé en Cartagena. Estuve presente.

Muchas personas me preguntaron por qué decidí ir a Cartagena. Mi respuesta es, ¿y por qué no?

Lo cierto es que, por lo general, no tenía a Colombia en mi rádar de países top 5 que tenía que visitar en los próximos años. Sin embargo, cada vez me guío más por mi instinto y decido ir donde siento que el cuerpo me pide.

Cartagena de Indias es un destino que me llamó la atención desde mi infancia. Te cuento el porqué.

Parte de mi familia vive en el sur de España. Precisamente, en la ciudad de Cartagena (Murcia).

He pasado navidades, veranos y demás festividades en esta ciudad. Siendo niña, recuerdo que una vez mi tío, que es como una especie de enciclopedia andante, me habló de la otra Cartagena… la de Indias.

Y yo no sé por qué, pero el término «india» siempre me ha llamado la atención. Supongo que por tener una bisabuela Mapuche o por haber tenido dos relaciones con hombres indios. No sé, la verdad. Pero siempre he tenido muy presente esta palabra en mi vida.

La otra… la de Indias

No me gusta referirme a Cartagena de Colombia como la otra, pero estas fueron las primeras palabras que escuché.

De niña me fascinaba saber que había otra ciudad con el mismo nombre y siempre supe que algún día la visitaría.

Ese «algún día» llegó a finales de junio de 2019. Resulta que tenía millas con la aerolínea JetBlue, una compañía aérea de bajo coste en los EE.UU. Y resulta además que vuelan a tres países en Sudámerica, entre ellos Colombia.

¿Por qué no visitar Cartagena sabiendo que el billete me saldría gratis?

Y así me planté en la otra Cartagena. Aunque, quiero apartar esta expresión y realmente decir que… Así me planté en Cartagena de Indias.

Me dio la bienvenida con un 90% de humedad que casi me derrite nada más salir del aeropuerto, pero así son las ciudades caribeñas. Cálidas. Húmedas. Alegres. Coloridas. Amables. Alborotadas…

Pero Cartagena de Indias es mucho más que estos adjetivos. Para mí, visitar esta ciudad ha supuesto un descanso. Un parón para retomar fuerzas y seguir trabajando en este y otros proyectos personales que he me planteado. Ha sido un tiempo para pensar y recapacitar. ¿Sigo o paro? ¿Continúo o paro con este blog? ¿Qué hago con mi otro proyecto personal? De momento, sigo. Es lo que me dicta el Universo.

Debo reconocer una cosa y es que la rutina diaria se me da fatal. Aunque, bueno, en realidad, soy una contradicción andante porque tampoco se me dan bien los cambios repentinos. Lo sé, no hay quién me entienda. Es lo que tiene ser una persona altamente sensible, pero eso es para otro post.

Pero necesitaba salir de mi rutina, de esos textos diarios que escribo para mis clientes. Quería estar presente para después poder escribir desde el corazón, que es lo que más me gusta hacer.

café del mar cartagena
Atardecer en el Café del Mar, Cartagena.

Un bálsamo de paz

Y por eso creo que este viaje a Cartagena de Indias llegó en el momento oportuno. Me alejé unos días del ajetreo de la ciudad y llegué a una isla para descansar.

La Isla Múcura, que se encuentra a dos horas y media de Cartagena, permite que una se aleje de todo y de todos. No hay cobertura teléfonica y el hostal de la isla apenas dispone de red WiFi. Imáginate la tranquilidad que se respira allí.

Visitar este lugar era justamente lo que necesitaba. Y es que, desde las 7:00 horas son muchos los correos que me llegan diaramiante a mi buzón. Puse un aviso: No estoy disponible de tal día a tal día. Y me olvidé del mundo y de Internet.

La Isla Múcura fue un bálsamo de paz en el que me dio tiempo hasta de aburrirme. Pero fue justo lo que necesitaba.

¿Qué hice durante 72 horas?

Dormir. Leer. Echar la siesta. Pasear. Dormir nuevamente. Bañarme en las templadas aguas. Dormir otra vez. Leer nuevamente. Cenar con mis nuevas amistades. Apoyar a Colombia en la Copa América. Rumbear. Dormir nuevamente.

En resumen, descansar 100%.

Me encantó pasar esos días en la isla. Pero al tercer día estaba lista para volver y así regresé a Cartagena de Indias

La bella Cartagena

Recorrí sus calles decenas de veces. Me perdí otras tantas. Comí rico y bien.

Pero, sobre todo, disfruté de sus atardeceres. Algo tiene esta ciudad que brilla con una luz especial cuando se pone el sol.

Las temperaturas desciencen un poco y entra una brisa que permite salir a la calle y disfrutar de su ambiente.

Por supuesto, hice todas las cosas que los turistas hacen al visitar Cartagena de Indias, pero también me aventuré a simplemente estar.

Encontré una cafetería para viajeros que me encantó y allí solía ir yo a leer, y a tomar mi vaso de chai latte. (Una no lo puede dejar hasta en vacaciones.

Y como seguía sintiendo que me sobraban días de la ciudad colombiana, decidí ir a Tayrona a pasar el día.

A Tayrona porque sí

Fue un error. Lo reconozco. No puedes ir a Tayrona a pasar el día…

En primer lugar, porque se necesitan casi cinco horas para llegar a la entrada del parque. Y, en segundo lugar, porque el parque es tan grande que se necesitan varios días para ver par del mismo.

A eso añádele que el autobús se estropeó a la altura de Barranquilla y que también terminó perdiéndose en la misma ciudad. Estuvimos dando vueltas durante más de una hora.

Si vas a Tayrona, pasa al menos una noche. No hagas la misma estupidez que hice yo.

Pero, me dio igual. No dormí en 24 horas y aún así estaba feliz porque me encontraba en otro país, haciendo lo que más me gusta: viajar.

En resumen, este viaje a Cartagena de India me dio justo lo que necesitaba en estos momentos. Paseos vespertirnos, momentos de tranquilidad, emoción, un equilibrio entre naturaleza y ciudad, y muchos recuerdos que me llevo conmigo.

Próximamente compartiré más información práctica, pero quería dedicarle un relato a esta ciudad. A la única Cartagena de Indias.

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